Algo que Leer: Tenemos que hablar de Kevin

dilluns, 13 d’octubre de 2014



Título: Tenemos que hablar de Kevin [We need to talk about Kevin]
Autor: Lionel Shriver
Idioma original: Inglés
País: EUA
Editorial: Anagrama
Primera Edición: 2003
Número de páginas: 607 pág.
Género: Drama, Narrativa, Sociedad
ISBN: 9788433973504


Sinopsis:
“Eva es una mujer satisfecha consigo misma. Es autora y editora de guías de viaje para gente tan urbana y feliz como ella, tiene su propia empresa y recorre el mundo buscando material para sus libros. Casada desde hace años con Franklin, un fotógrafo e iluminador que trabaja en publicidad, decide, ya cerca de los cuarenta años y tras muchas dudas, tener un hijo. Y el producto de tan indecisa decisión será Kevin. Eva ha optado por la maternidad en un acto de amor, una noche en que la inesperada tardanza de su marido y la angustia de la espera la hicieron tomar conciencia de la mortalidad de Franklin, de su propia mortalidad. Pero, casi desde el comienzo, nada se parece a los inefables mitos familiares de la clase media urbana y feliz. Para empezar, Eva siente que Franklin se ha apoderado de su maternidad y la está convirtiendo a ella en el mero contenedor del hijo por nacer, privándola de placeres tan apreciados por Eva como el sexo, el gimnasio o el vino.

Y cuando nace, Kevin es el típico bebé difícil que tortura a los padres con sus llantos, que no quiere comer y hasta parece rechazar a su madre. Y con el tiempo se convertiré en el terror de las niñeras, en un adolescente terrible, en el monstruoso antihéroe a quien nada le interesa sino la belleza de la pura maldad. Y en ese trayecto con final sangriento, dos días antes de cumplir Kevin los dieciséis años, el niño es un enigma para su madre, que nunca lo ha podido querer.”


Algo que decir:
Me ocurrió algo curioso con Tenemos que hablar de Kevin, y es que aunque sabía antes de comenzar que se trataba de una obra de ficción, ideada por un escritor varón, llamado Lionel Shriver, no pude evitar transcurridos un puñado de capítulos cerrar la novela y volver a la portada, para cerciorarme de que en ella no figuraba Eva Khatchadourian como su autora. Es extraño cómo ésta lectura consiguió, cabe decir que en un continuo y no como el resultado de un momento de despiste por mi parte, inducirme de la sensación de que realmente me encontraba leyendo las cartas de Eva a su ex-marido, Franklin. Ésta impresión fue suficientemente fuerte como para que, en el momento de escribir ésta reseña, no me atreviera a hacerlo directamente como he hecho en tantas otras ocasiones sino que sentí la necesidad imperiosa de cerciorarme que la obra no estuviera basada en un caso real. Puede que fuera también por ésta falsa sensación de realidad que mis sensaciones a medida que avanzaba en la lectura fueran tan vívidas: no podía evitar sentirme herida por el carácter machista que traslucía en las acciones y comentarios de Franklin, por la forma en que ninguneaba a Eva o por la forma en que ella misma parecía faltarse al respeto, en mi opinión, ensalzando el virtuosismo de un esposo a quien en mi humilde opinión le profesaba una fidelidad y afecto desmedidos, que yo no podía menos que juzgar inmerecidos. Claro que éstos son temas sensibles para mi, que tengo una consabida tendencia a enfadarme con éstas cosas pero, de todos modos, y aunque a medida que el relato tocaba fin entendí muchas cosas, sigo pensando que Eva como esposa tenía cierta vocación de mártir.

A la necesaria pregunta de si lo recomendaría, respondo con un rotundo SÍ. Cuando anuncié que me disponía a leer ésta novela, hubo quienes me la recomendaron encarecidamente, y quienes me lo desaconsejaron con igual vehemencia. Puedo comprender ambas posturas, pues aunque la historia para mi gusto raya la perfección, con todos sus detalles y precisamente por el modo en que se entretiene y recrea en cada uno de ellos, veo también que precisamente esa lentitud al desarrollar la trama, esa forma de avanzar y retroceder, contando en ocasiones los hechos de forma aparentemente aleatoria y volviendo sobre ellos ocasionalmente, puede llegar a resultar cansina, a hacer la lectura pesada. Aunque, debo añadir, yo sospecho que es justamente ese recurso de volver una y otra vez sobre los hechos, de forjar entre ellos una relación y tratar de hallar verdades ocultas lo que consiguió hacerme creer que se trataba realmente de las cartas de Eva tratando de entender qué pasó para que las cosas terminaran tan mal.

Finalmente, en ésta ocasión, decidí seleccionar múltiples fragmentos de la lectura porque, cada uno por motivos particulares, llamaron mi atención y no quería dejar de compartirlos. Esto es parte debido a que disfruté realmente de ésta lectura, del modo en que Shriver hila las palabras con lo que a mí me parece genuina habilidad, de cómo consigue que el uso de un lenguaje tan preciso –casi me atrevería a decir académico- no resulte repelente; y parte al hecho que a medida que avanzaba en ésta lectura se destapaban, uno tras otro, toda una serie de dilemas morales que me resultaron francamente interesantes. Soy consciente, de que gran parte de las citas a que finalmente me he referido forman parte del primer tercio de la novela y pueden no dar una imagen de conjunto de ésta sino encasillarse en lo que podría parecer una extensa introducción pero, enfin, siempre he sido de la opinión que los detalles son relevantes, y esta es una afirmación que se encuentra también muy en consonancia con ésta novela.
 
Para hacer boca:
“…
Pero sabías exactamente qué era lo que quería decir. No que la felicidad sea algo aburrido. Es algo que no se puede explicar. Y una de nuestras diversiones más absorbentes, a medida que envejecemos, consiste en explicar, no sólo a los demás, sino a nosotros, nuestra propia historia. Bien que lo sé: cada día me la cuento y me persigue como un perro fiel. En consecuencia, el único aspecto en que me aparto de mi personalidad joven es que ahora considero terriblemente afortunadas a todas las personas que tienen muy poca o ninguna historia que contar.
…”

“…
Desde la última vez que te escribí, he estado rebuscando en mi desván mental mis reservas iniciales acerca de la maternidad. Recuerdo, de hecho, un montón de temores, aunque equivocados todos ellos. Si me hubiera puesto a catalogar los inconvenientes de la paternidad, jamás se me habría ocurrido escribir en la lista que “mi hijo pudiera convertirse en un asesino”. Más bien, hubiera pensado cosas como éstas:
  1. Discusiones.
  2. Menos tiempo para nosotros dos. (O, más bien, nada de tiempo para nosotros dos.)
  3. Otras personas. (Reuniones de la Asociación de Padres y Maestros. Profesoras de ballet. Los insoportables amigos del niño y sus insoportables padres.)
  4. Ponerse como una vaca. (Yo era delgada y prefería seguir siéndolo. Mi cuñada había tenido varices en las piernas durante el embarazo, que nunca desaparecieron, y la perspectiva de unas pantorrillas marcadas con ramificaciones me mortificaba más de cuanto pudiera decir. Así que no lo decía. Soy presumida, o lo fui, y una de mis vanidades era la de fingir que no lo era.)
  5. Un altruismo antinatural: verse forzada a tomar decisiones ateniendo a lo mejor para otro. (Soy una cerda.)
  6. Recorte de mis viajes. (Advierte que escribo recorte, no conclusión.)
  7. Aburrimiento enloquecedor. (Los niños pequeños me parecían brutalmente aburridos. Eso era algo que admití desde un principio.)
  8. Vida social devaluada. (Jamás había mantenido una conversación decente si en la habitación estaba el crío de cinco años de una amiga.)
  9. Descenso social. (Yo era una empresaria respetada. En cuanto llevara a remolque a un chiquillo, todos los hombres que conocía –y todas las mujeres, lo que todavía es más deprimente- me tomarían menos en serio.)
  10. Pagar el capricho. (La paternidad es el pago de una deuda. Pero… ¿quién quiere pagar una deuda de la que puede escaparse? En apariencia, quienes no tienen hijos se libran con alguna artimaña. Además, ¿de qué sirve pagar una deuda a quien no se la debes? Sólo la madre más retorcida siente compensados sus desvelos por el hecho de que, finalmente, la vida de su hija resulte tan horrorosa como la suya.)
Éstos, en la medida en que puedo recordarlos ahora, eran los mezquinos recelos que sospesaba por anticipado, y he tratado de no contaminar su pasmosa ingenuidad con lo que ocurrió realmente. Es evidente que las razones para seguir yerma -¡qué palabra tan devastadora!- se reducían a inconvenientes y sacrificios sin importancia. Eran egoístas, mezquinas y cortas de miras, de forma que cualquiera que compilara semejante catálogo y eligiera, a pesar de todo, retener su minúscula, ordenada, falta de aire, estática y, finalmente, medio seca vida sin familia, no sólo era una persona corta de vista, sino también terrible.
…”

“…
Durante años estuve esperando aquella urgencia apremiante de la que siempre había oído hablar, aquel deseo narcotizante que empuja inevitablemente a las mujeres sin hijos hacia los cochecitos de desconocidas en los parques. Necesitaba verme arrastrada por el imperativo hormonal, despertar un día y pasar mis brazos alrededor de tu cuello, abrazarte y rogarte que mientras aquella flor negra florecía detrás de mis ojos, me dejaras con un hijo. (Con un hijo. Hay un maravilloso calorcillo en esa expresión, un antiguo y tierno reconocimiento de que durante nueve meses vas a tener compañía dondequiera que vayas. Preñada, en cambio, es una palabra pesada y voluminosa, y siempre suena a mis oídos como una mala noticia: “Estoy preñada.” E instintivamente me imagino a una chiquilla de dieciséis años en la mesa del comedor –pálida, con mala cara, con un novio que es un sinvergüenza-, que no sabe cómo decirle a su madre lo que ésta más teme.)
…”

2 comentaris:

Mr Stardust ha dit...

Vi la película sin saber que se trataba de una adaptación de un libro y me quedé con ganas de leerlo. Después de leer tu reseña doy por hecho que lo leeré cuando tenga tiempo =D

Misha_usa ha dit...

Yo la película no la he visto, además después de leer el libro no sé si quiero verla porque me ha gustado tanto que es como ¿me hace falta?
Pero sí, el libro lo recomiendo muy fuerte, no sé hasta qué punto la película sería fiel y demás, así que supongo que llevas muchos espóilers encima (xD) pero yo creo que vale la pena igual. Yo esque enserio, me lo creía todo!

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